lunes, 8 de agosto de 2011

Un par de zapatos (del libro RelateAndo)


por Helena


Allí estaban, limpios y brillantes.
Usados en tantas ocasiones especiales, tanto tiempo guardados.
Con su aire siempre distinguido, con su dignidad preservada entre los marcados pliegues de las punteras; con las arrugas exactas en su memoria.
Con tantos y tantos pasos sobre su cuero como dieron mis pies; con toda la paciencia con la que siempre soportaron mi peso, mi arrogancia, mi miedo…

Ahí estaban aún.
Me los calcé despacio y caminé un poco: Siempre suaves y cómodos… ¡Se adaptaron a mí!, su horma fue creciendo a la vez que crecían y se endurecían los huesos de mis pies y cuando se deformaron las huellas de mis plantas… Fuertes y resistentes. Cuidados, sí… ¡pero qué resistentes!

Bajé al salón.
¡Viva el novio!, gritaron nuestros nietos. Y, radiante, apareció su abuela. “¡Viva la novia!”, aplaudieron.
Ahí está mi mujer -pensé yo-, decidida y enérgica; caminando hacia mí desenvuelta, elegante…, sonriendo confiada; en la total certeza, en el asombro de saber que la amo y de que soy feliz por ella amarme”
Cuando nos pidieron que bailáramos un vals ese día de nuestro cincuenta aniversario ambos descubrimos que llevábamos puestos los mismos zapatos que en aquél de la celebración de nuestro matrimonio.

Y nos deslizamos sobre ellos tal y como habíamos recorrido hasta entonces aquél largo camino: Apoyándonos el uno en el otro al compás de la música.