viernes, 5 de agosto de 2011

JE, JE

por Paco

dedicado a María

Aquel muchacho llamaba a su amigo que no sabía quién era. Le acompañé y le estuve dando el coñazo haciéndole reír. No sé si fue su aliento o el mío el que olía a muerte. La muerte que a nuestro lado quería cogernos, tan jóvenes.
Para algunos hay esperanza por venir, me dijo Eufrasio muy serio. Y luego contó que sí, me he dado cuenta de mi aliento y no es el tuyo, no, pero voy a cambiar esta situación ¿tienes a alguien que odies?
Buf, no quiero odiar a nadie,pero el director del banco me tiene hasta los huevos y hace mal las cosas, no sé si aposta.
Vamos a verle y en dos días te lo cambian.
Allí estábamos Eufrasio y yo. Al presentarle a Segis, le echó su pestilente aliento y dándose la vuelta asqueado, Segis,dos minutos después, se rascaba la teta derecha con los ojos fuera de las órbitas. Alarmado, llamé a Jesús, el subdirector para que viniera una ambulancia.
Al salir del banco le dije a Eufrasio:¡joder,antes de tiempo!.Sí, bueno, aún no tengo este superpoder bien preparado.Pues ahora no te huele mal ¿No te he dicho que cambiaría la situación? Al dirigir el aliento a la persona elegida, en dos días no me huele. Y ya he visto, que con los más cabrones, actúa antes.
Oye ¿con las mujeres también?
Es extraño, pero las mujeres solo se enamoran de mí y además me lo dicen: me he enamorado de ti.
Pues qué suerte ¿no?. No siempre, no siempre, dijo.
Este es uno de los primeros recuerdos que ahora tengo de él, pero le estoy eternamente agradecido, porque al exhalar su último aliento, el día que le atropellaron, me besó en la boca y me traspasó su poder.
¡JE,JE!
GRACIAS MARÍA