martes, 19 de julio de 2011

Clic (del libro RelateAndo)




por Cristina


Irene parecía distraída.
Estaba mirando por la ventana y pensaba en Juan. ¿Qué otro pensamiento podría tener en ese momento?
Al comienzo de su enfermedad, Juan, había pedido a su hermana que avisara a Irene cuando su estado se agravase y ahora, ella había recibido un correo de su antigua cuñada. Sabía lo qué Juan necesitaba de ella; tuvo muchas dudas; no quería hacer este viaje, nadie querría hacerlo; se sentía obligada, es más, estaba obligada.
Organizó su trabajo para disponer de una semana libre; hizo las reservas necesarias de avión, hotel y coche de alquiler y, por fin, dos semanas después del aviso llegó, triste, disciplinada y responsable, al Pabellón de Postrados y Cuidados Paliativos.
Ya llevaba cuatro días allí. Se turnaba con la familia de Juan y cada tarde permanecía con él cuatro o cinco horas vigilando atenta; esperando, deseando un desenlace.
Él, su organismo, tenía cuanto necesitaba pues el ordenador que gobernaba aquel tinglado de tubos, bolsas y cables realizaba sus funciones vitales. ¿Vitales?
Quizá se enteró de que ella había venido; en este momento, ella, Irene, era la única persona imprescindible porque, aunque todos conocían su voluntad, sólo ella tendría la valentía de ayudarle.
Irene parecía distraída.
Recordar el poco tiempo que vivieron juntos le producía un revuelo de sentimientos entre la nostalgia, la felicidad, el dolor y la frustración. En la actualidad su relación era inexistente pero en su momento fue muy importante, duró poco pero fue casi perfecta; sentía agradecimiento hacia Juan por todo lo que habían compartido.
Ahora ese agradecimiento y su propio sentido de la fidelidad le obligaban a actuar de acuerdo con el único compromiso que quedaba entre ellos.
¡Qué difícil le resultaba tomar esa decisión! No sería capaz.
Pensaba que no estaba cumpliendo, que Juan en su lugar lo habría resuelto el primer día y sin vacilar; con precisión habría hecho ese mínimo gesto que interrumpiría el fluir de líquidos y gases entre el cuerpo enfermo y el exterior.
No era fácil hacerlo, no podía; aunque entre ellos ya no hubiera más sentimiento que añoranza y lealtad.
Lealtad.
Clic.