lunes, 28 de noviembre de 2011

BASES I CONCURSO MICRORRELATO “Menudos renglones”


- Podrán participar los miembros del Colectivo literario “Renglones de Ficción”
- Cada participante puede presentar un único texto.
- Los textos tendrán una extensión máxima de diez líneas en letra Arial 12.
- El tema de los textos participantes será: “Me mudo” (en cualquiera de los sentidos que el autor quiera interpretar)
- Los textos han de ser colocados por los autores de forma ANÓNIMA como comentarios a esta misma entrada del blog (Pinchar un poco más abajo en donde pone “X comentarios”>Pegar nuestro texto en el espacio en blanco>Abrir la pestaña marcada como “Comentar como” y seleccionar la opción Anónimo>Darle a publicar comentario> Meter la palabra de verificación>Publicar comentario).
- OJO!!No firmar el texto ni poner el nombre en el comentario o vuestro texto quedará automáticamente fuera de juego.
- La fecha tope para colgar los textos es el día 13 de diciembre incluido. El día 15 de diciembre se celebrará la cena de navidad y ese día se espera que todo el mundo haya leído en el blog los microrrelatos participantes (y que cada uno tenga decidido cuales son los dos que más le gustan).
- El fallo del concurso se realizará durante la cena de navidad atendiendo al siguiente procedimiento:
• Las organizadoras (Cabezas de Ajo) numerarán los textos anónimos
• Cada participante otorgará 2 renglopuntos a su relato favorito y 1 renglopunto a su segundo relato favorito (se confía de la buena fe de cada participante para no votarse a sí mismo)
• Se sumarán las puntuaciones y se nombrará al GANADOR y al finalista. En caso de empate ganará el relato que haya obtenido más veces puntuaciones de 2 renglopuntos.
• Como colofón final se procederá a realizar un juego fuera de concurso que consistirá en intentar averiguar a qué autor pertenece cada microrrelato. Para ello las organizadoras CA irán nombrando los microrrelatos y se irá nombrando a los diferentes autores para que se vaya votando a mano alzada.
- El ganador, una vez que haya sido nombrado, efectuará un breve discurso de agradecimiento (muy breve y no lo tiene que tener preparado).
- El premio otorgado al ganador será un diploma acreditativo y el magnífico honor de ostentar durante un año el título de ganador del I Concurso “Menudos renglones”. Así mismo los rengloneros que quieran, de modo totalmente optativo y desinteresado podrán traer algún obsequio para agasajar al ganador (véase auriculares donados por Cristina al ganador del Relato de Miedo de Verano de 2011).
- Suerte a todos y …¡empieza el juego!

martes, 22 de noviembre de 2011

NIEBLANOCHE



por Fede.

Alicia colgó el teléfono.
Se había citado con la pandilla; y esta vez el botellón iba a ser de órdago porque se habían gastado casi toda la paga en bebidas. Coca cola, vino, ginebra y vodka. El hielo lo llevaría Héctor, que era el único que tenía coche; más exactamente un Ford Fiesta con veinte años de antigüedad, que pasaba más tiempo en el taller que circulando.
Tomaron el coche de línea que les llevó a Jaraque, y desde la estación de autobuses del pueblo fueron andando hasta un polígono industrial, donde se iba a celebrar la fiesta.
A las dos de la madrugada se puso a llover, y poco a poco sin que nadie reparara en ello, la niebla se hizo dueña de la noche.
Uno tras otro, los vasos de alcohol fueron mermando la energía de los asistentes y a las tres de la madrugada eran muy pocos los que aún podían tenerse en pie.
Sentada en un taburete alto y apoyada en la improvisada barra de bar, Alicia se volvió despacio hacia dos hombres que hablaban en voz baja y sin querer escuchó la conversación.
– ¡Eres un animal! no deberías haberla golpeado tan fuerte. Vamos a estar jodidos si alguien lo ha visto.
–Nadie va a sospechar de nosotros, no te preocupes. Además ha quedado muy escondida y no va a ser fácil dar con ella.
Uno de los hombres se giró y sus ojos se encontraron con los de Alicia, que bajó apresuradamente del taburete y se perdió entre la ebria marea humana.
Sobre las tres y media, Alicia buscó a Héctor para que la llevara a casa, pero el Fiesta se negó a arrancar y tuvieron que volver a pie. Tendrían que dormir en un banco de la estación de Jaraque hasta que saliera el primer autobús a su ciudad. Afortunadamente, había cesado de llover.
Por el camino, Alicia contó a Héctor lo que había escuchado poco antes.
–En cuanto lleguemos al pueblo, lo denunciamos a la Guardia Civil, –contestó Héctor.
Atajaron por un descampado hasta encontrar la carretera zigzagueante que llevaba al pueblo. Iban uno detrás del otro guiados por la línea blanca del borde de la calzada, cuando Alicia escuchó a Héctor gritar. Volvió la cabeza pero ya no estaba. Escuchó un golpe y después el silencio se hizo tan espeso como la niebla.
– ¡Héctor! Gritó al aire, ¡Héctor!
Entonces oyó unos pasos.
– ¿Eres tú? Dijo Alicia tendiendo una mano hacia la noche.
El ruido de los pasos cesó y Alicia volvió a preguntar inútilmente.
– ¡Héctor, por Dios, responde! ¿Estás ahí?
A Alicia le pareció distinguir una figura a pocos pasos de ella. Era la silueta de una persona muy alta que nada tenían que ver con la de su amigo. Trataron de agarrarla por detrás, pero ella consiguió zafarse.
Volvió a correr campo a través hasta que las fuerzas la abandonaron y se dejó caer entre unos matorrales empapados.
Permaneció allí tumbada y tiritando durante un tiempo que se le hizo eterno. Poco a poco la niebla se fue disipando y un débil sol apareció por el este. Se incorporó y miró con miedo a su alrededor: Se encontraba sola. Caminó hacia su izquierda hasta que llegó a la carretera. Al fondo, una ambulancia recogía el cuerpo de un hombre caído en el asfalto. Se acercó corriendo alcanzando a ver cómo cubrían totalmente a Héctor con un plástico brillante.
Al poco tiempo, llegó un coche de la Guardia Civil y el Juez de Jaraque; colocaron a Héctor dentro de la ambulancia y ésta partió veloz hacia el pueblo.
–Señorita, dijo un Agente, acompáñenos al Cuartel. Necesitaremos su declaración.


La habitación era amplia y las persianas levantadas dejaban pasar la luz de sol. A su espalda, alguien cerró la puerta y frente a ella, mirándola con una sonrisa burlona dos hombres, ahora de uniforme, a los que reconoció rápidamente.
–Hola guapa: ¿A que no pensabas vernos tan pronto?

jueves, 13 de octubre de 2011

La gran caracola


por Marta C.


Mi tía abuela acostumbraba a guardar dentro de la gran caracola su pastillero, una caja de cerillas para encender la lumbre y un viejo sacapuntas.
La gran caracola había sido traída por un primo segundo que emigró a Chile muchísimos años atrás y ocupaba, brillante y ufana, un lugar principal en el cuartito de estar.
Yo le tenía un gran respeto, ella era grande y pesada, yo pequeña e inquieta. Si cogía la gran caracola tenía que ser con sumo cuidado y atención; mi tía abuela sacaba sus pertenencias y me ayudaba a sostenerla pegada a mi oreja mientras me miraba con atención, como esperando un veredicto.
Yo pensaba que lo que se oía podía ser debido al choque de las ondas del sonido en las paredes o, como mucho, el eco sordo al fluir la sangre en mi cerebro. Pero, al cabo de mucho tiempo, me desengañé de absurdas creencias infantiles, lo que realmente oía en el interior de la gran caracola, aquellos días de frío y nocilla, eran las olas del mar.

martes, 20 de septiembre de 2011

Noche Terrorifica

EL ÚLTIMO MIEDO

por Helena



El conductor del autobús, al hacer su relato de los hechos, contó que había anunciado el regreso porque la niebla era muy densa y las expectativas para el viaje se habían vuelto peligrosas. Se lamentaba de que la decisión hubiera podido causar en la mujer el efecto que causó pero que, por supuesto, él desconocía sus problemas personales. La verdad era que ella había pronunciado en alto “oh, no!” pero sin añadir nada más y nadie había hecho comentario alguno. De forma que dio la vuelta en el primer lugar que encontró apto para ello.


“Oh no!... ¡no!…- se decía Laura- No puedo regresar ahora. Ya se habrá dado cuenta. Me habrá estado buscando y estará furioso. Habrá bebido. No; no puedo volver ahora” .Le atenazaba la imposibilidad de avisar a su hijo de que no se reuniría con él . Le había dicho al niño que una amiga suya le recogería del colegio y le llevaría a su pueblo, y que luego llegaría ella y los dos dormirían en su casa esa noche. Pero él no la conocía, “se extrañará mucho al ver que no llego”, “se sentirá muy solo en casa de una desconocida” Y la cabeza le martilleaba. “La verdad, no sé cómo he podido llegar a esta situación; cómo lo he permitido”. “Pero hoy se ha terminado y seguiré adelante, no hay marcha atrás” “Solo tengo que pensar con calma qué será lo más conveniente para resolver esto. .Con tranquilidad. La distancia que falta no es mucha, podría seguir andando” “Realmente no se ve nada, pero tampoco esta niebla va a durar toda la noche; ya levantará. Total, la bolsa no pesa demasiado” “Pero, ¿cómo saldré de aquí...? Si digo que me quiero bajar no me lo permitirán, dirán que es muy peligroso que una mujer se quede sola aquí en estas condiciones y a estas horas. No me dejarán. La gente siempre cree saber lo que es mejor para los demás” “Si abro la puerta y salto no me puede pasar nada, no vamos muy deprisa; tiraré la bolsa primero”.
Y como lo pensó lo hizo

Iba sentada al lado de la puerta y la abrió. Y tiró la bolsa y saltó. Pero a ese lado daba la falda del monte e inesperadamente… rodó…, rodó…, Hasta que su cabeza dio con la piedra.


Y el niño que le estaba esperando, esperó.


Y todo el autobús, y todo el pueblo más tarde, lloró el accidente.
Y el borracho lloró su pérdida.


Pero aquélla pérdida no fue por accidente.
El miedo asesinó a Laura. Su último miedo.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

De repente

por Paco


Supe que no volvería tener 20 años, la mejor edad del mundo, aunque hay y hombres y mujeres, más, que te dicen que ahora es, a los 50, la mejor edad de mi vida.
¡Qué gilipollez! ¡A los 50!
Y los ves en las revistas o en la tele y cuando los miras, sus caras de hace seis meses han cambiado, y sus cuerpos aparentan más juventud.
De repente supe que me gustaría volver a los 20 años, pero sabiendo; que es un decir, sabiendo, que no es la palabra, sino habiendo vivido lo que he vivido a mi edad. Todas esas triquiñuelas, donde casi nadie, te la puede meter hasta las trancas, pero con 20 años. ¡Joder, joder!.
La hostia puta, puedes estar toda la noche follando y bebiendo, como sabes ahora, y, no pasa nada. Y transcurre un día y sigues teniendo 20 años. Un tío sano, guapete, que viaja, conoce mujeres que le follan y le pagan sus 20 años teniendo ellas 50. Y las de 15 en adelante, como dice la canción que tiene mi amor.
Y verte así, guapo, fuerte, con dinero y sino hay, no tengo problema, voy a buscarlo a cualquier buen hotel. A que me paguen mis servicios, como digo de 20 años, esas, que dicen estar en la mejor edad de su vida.
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De repente dejo de escribir porque mi imaginación va más deprisa que mi boli. Miro al frente y miro a mi hijo, el de 20 años y a sus amigos y...
Vale, ellos tiene casa que les damos y comida y cama para dormir y algunos caprichos y...
Yo, de esos, con 20 años; 25, no, porque es un cuarto de siglo y ya vas viendo que...
Vale, 20 y sabiendo lo que sé ahora con 53 o 54...
Total quedaban 11 días de repente...

domingo, 11 de septiembre de 2011

Esperando un milagro

por Paco


Antes de escribir, se lía un cigarrillo, se pone el último culito de whisky de la botella en un vaso con mucho hielo para verlo lleno y se da cuenta de que no puede.
No puede, porque para que continúe pagando el recibo de la luz o el agua o el IBI, tendrá que aparecerse la virgen. Y eso solo de la casa en que habita con su mujer, la cual le dio sus dos hijos ya mayores.
No se olvida del seguro ni del mantenimiento de un coche que no puede vender, porque esta cargado de multas y el impuesto de circulación, no lo paga. Los ladrones del ayuntamiento, no le pueden robar, porque no tiene cuenta bancaria. Bueno sí, una compartida con su mujer, pero en la que no figura su nombre.
A su mujer le dio una empresa con la que construyó cinco pisos en un pueblo cerca de Madrid. Al principio, la vendedora, que vivía en ese pueblo, le dijo que estaban todos vendidos. Una quimera. Solo se han vendidos dos, uno de ellos a la vendedora.
La caja de ahorros acecha y cobra un potosí. Del dinero que le dieron en esa caja para terminar la construcción, le quedan unos cuantos miles de euros. Digamos como mucho ¿dos años?
Intenta encontrar trabajo, pero a un tío de su edad, no se lo dan y si lo hacen, el gobierno le robará una parte, como hacen siempre.
Su hijo mayor trabajaba en casa, como teleoperador de una empresa que acaba de quebrar y, su jefe al que conoce, le debe una indemnización que no cree que le pague. El otro hijo, el pequeño, no tiene trabajo, aunque toca de puta madre la batería en dos grupos.
Su mujer trabaja cuidando a su madre, a su padre y de cocinera a su vez para su hermano, que vive en casa de sus padres y que también limpia. Le dan un dinero lamentablemente escaso entre el padre, ese hermano y otro. Su hermana se murió alcohólica.
Termina de escribir esto de un tirón, deja el boli sobre el cuaderno abierto, da una calada al cigarrillo y bebe. Para de escribir.
No quiere recordar el pasado tan lejano, tan humillante con sus propios hermanos a causa de la herencia. Que les den por culo ya son nada.
Él no piensa en sí mismo, piensa en su mujer y en sus hijos y cuando piensa en él, cree que podría huir y estar solo, más que nada para no molestar, cuando lleguen tiempos peores, escribe, mientras lo piensa. Pero se da cuenta de que necesita un bidé, porque después de cagar,tiene que limpiarse el culo con agua y una esponja a causa de una fístula mal curada.
Se ríe recordando que cuando fue al médico para quitarle el setón, aún colgante, y cerrarle el agujerito por donde se sale siempre un poquito de caca, le dijeron que había muerto. Antes de llegar a esas manos casi salvadoras, le atendieron tres médicos más, con tres operaciones cada uno.
No cierra el cuaderno una vez escrito y leído esto, se lía otro cigarrillo, va a la cocina a por una botella de vino, se bebe la mitad de un trago largo, largo y tiene una idea. Le pedirá a su mujer que en el agujerito, le ponga unas gotitas de ese pegamento milagroso... pero que no llegue al ano.
Cuando imagina a su mujer así, abriéndole el culo, sonríe, mientras sigue esperando el milagro y pasa la vida.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Noche terrorífica



Estuvo con nosotros...aunque no pudo venir.



UN MIEMBRO MÁS


por Ricardo



Baja la escalera de acceso al almacén, necesita reponer el material en falta, y como siempre, lo hace al finalizar la jornada, la rutina se ve interrumpida por una sensación incomoda, intuye que hay alguien más, ese estremecimiento al notar el aire frio en la nuca, sintiendo una mirada; el respingo viene acompañado de un giro de cabeza, nadie; como era de esperar la soledad es su única compañía, como siempre; por el rabillo del ojo cree ver una sombra que se mueve, otro giro de cabeza; de nuevo, nadie. Sube las escaleras con el corazón encogido, sus manos están tan vacías como cuando bajó, pero no se da cuenta; tiene que darse prisa, esta noche tiene una reunión en el bosque con sus camaradas.
La hora es la acordada, comienzan a llegar, se reúnen todos formando un círculo. Reconoce a la mayoría pero desconfía de todos, hoy es el gran día o mejor la gran noche, hoy espera verlos como realmente son.
A medida que cada uno va desarrollando su trabajo sus caras se van trasformando, sus cuerpos mutan en formas extrañas, sus voces alcanzan tonalidades no oídas antes.
Su corazón ha dejado de palpitar hace tiempo, tiene la piel tan erizada que le duele, el aire se ha vuelto frio, el silencio se adueña de la noche, ya no ve ningún compañero, todos han desaparecido, únicamente una figura delante mira con ojos inquisitivos, penetrantes, le hace estremecer; de su boca sale un espeluznante grito mientras la figura se transforma en una enorme bestia; una especie de corriente eléctrica recorre su cuerpo, desde sus pies hasta su cerebro, pierde el conocimiento.
El espejo no devuelve la misma figura que esta mañana, el escalofrío llega cuando se reconoce.