domingo, 11 de septiembre de 2011

Esperando un milagro

por Paco


Antes de escribir, se lía un cigarrillo, se pone el último culito de whisky de la botella en un vaso con mucho hielo para verlo lleno y se da cuenta de que no puede.
No puede, porque para que continúe pagando el recibo de la luz o el agua o el IBI, tendrá que aparecerse la virgen. Y eso solo de la casa en que habita con su mujer, la cual le dio sus dos hijos ya mayores.
No se olvida del seguro ni del mantenimiento de un coche que no puede vender, porque esta cargado de multas y el impuesto de circulación, no lo paga. Los ladrones del ayuntamiento, no le pueden robar, porque no tiene cuenta bancaria. Bueno sí, una compartida con su mujer, pero en la que no figura su nombre.
A su mujer le dio una empresa con la que construyó cinco pisos en un pueblo cerca de Madrid. Al principio, la vendedora, que vivía en ese pueblo, le dijo que estaban todos vendidos. Una quimera. Solo se han vendidos dos, uno de ellos a la vendedora.
La caja de ahorros acecha y cobra un potosí. Del dinero que le dieron en esa caja para terminar la construcción, le quedan unos cuantos miles de euros. Digamos como mucho ¿dos años?
Intenta encontrar trabajo, pero a un tío de su edad, no se lo dan y si lo hacen, el gobierno le robará una parte, como hacen siempre.
Su hijo mayor trabajaba en casa, como teleoperador de una empresa que acaba de quebrar y, su jefe al que conoce, le debe una indemnización que no cree que le pague. El otro hijo, el pequeño, no tiene trabajo, aunque toca de puta madre la batería en dos grupos.
Su mujer trabaja cuidando a su madre, a su padre y de cocinera a su vez para su hermano, que vive en casa de sus padres y que también limpia. Le dan un dinero lamentablemente escaso entre el padre, ese hermano y otro. Su hermana se murió alcohólica.
Termina de escribir esto de un tirón, deja el boli sobre el cuaderno abierto, da una calada al cigarrillo y bebe. Para de escribir.
No quiere recordar el pasado tan lejano, tan humillante con sus propios hermanos a causa de la herencia. Que les den por culo ya son nada.
Él no piensa en sí mismo, piensa en su mujer y en sus hijos y cuando piensa en él, cree que podría huir y estar solo, más que nada para no molestar, cuando lleguen tiempos peores, escribe, mientras lo piensa. Pero se da cuenta de que necesita un bidé, porque después de cagar,tiene que limpiarse el culo con agua y una esponja a causa de una fístula mal curada.
Se ríe recordando que cuando fue al médico para quitarle el setón, aún colgante, y cerrarle el agujerito por donde se sale siempre un poquito de caca, le dijeron que había muerto. Antes de llegar a esas manos casi salvadoras, le atendieron tres médicos más, con tres operaciones cada uno.
No cierra el cuaderno una vez escrito y leído esto, se lía otro cigarrillo, va a la cocina a por una botella de vino, se bebe la mitad de un trago largo, largo y tiene una idea. Le pedirá a su mujer que en el agujerito, le ponga unas gotitas de ese pegamento milagroso... pero que no llegue al ano.
Cuando imagina a su mujer así, abriéndole el culo, sonríe, mientras sigue esperando el milagro y pasa la vida.